Entre triunfos de aficionados sobre profesionales y memorias de infancia, el Abierto Lagunita demostró la madurez competitiva de nuestros golfistas.
Hay algo inexplicable que se siente cuando levantas un trofeo, pero es diferente cuando lo haces en casa, y más, rodeado de todos aquellos que te han visto crecer en lo que te apasiona.
Gabriel Restrepo se consagró Campeón del Abierto Lagunita Country Club 2026, con un registro de 268 (-12); derrotó por siete tiros al mejor profesional y por 12 impactos al segundo mejor amateur. Pero más allá de los números, lo verdaderamente revelador de este triunfo, y lo que nos habla del excelente momento de nuestro deporte, es que Gabriel es un jugador amateur que superó a dos profesionales en su último día, un hito gigante para alguien que ya le confesó a Golf Channel Latin America sus aspiraciones al profesionalismo. Este triunfo no llega por casualidad, viene de ganar el Torneo Amateur del Junko Golf Club, lo que lo catapultó de regreso al World Amateur Golf Ranking (WAGR). Verlo celebrar entre aplausos, un baño de cerveza con sus amigos y el abrazo de su novia nos recuerda que el golf, en su esencia más pura, es una comunidad de afectos y sacrificios compartidos.
Y es que esa es, a mi juicio, una de las grandes virtudes que este deporte fomenta en nuestro país: la resiliencia y el valor de la paciencia. En el golf venezolano, quienes compiten hoy llevan años formándose; son trayectorias enteras viéndose crecer los unos a los otros en los fairways.
Esa misma constancia generacional la vemos representada en la categoría de damas campeonato, donde la victoria se la llevó otra figura de casa: Claudia Perazzo, quien con quien con un total de 230 golpes se impuso con autoridad sobre Kamila Prieto (233) y Nicole Escalera (238). No es casualidad verla junto a Gabriel en la cima. Si nos vamos unos años atrás, para ser exactos 2014, la Revista Fairway dejaba constancia del talento de ambos cuando se consagraron campeones del VI Campeonato Nacional Infantil de la Federación Venezolana de Golf (FVG). Doce años después, verlos maduros y dominando la escena nos proyecta una visión muy clara de hacia dónde va el golf nacional: hacia una madurez competitiva impulsada por bases sólidas.
Este tipo de torneos no son meras competencias de fin de semana; es la escuela de valores que definen a nuestros atletas. Forjan la disciplina mental, el respeto por el rival y el arraigo profundo por nuestro tricolor. El futuro del golf venezolano se construye justamente ahí, en esa camaradería que trasciende los años y convierte las canchas locales en plataformas de despegue internacional.
Las pruebas de esa proyección ya están en marcha. Gabriel ya se encuentra en Rosario, Argentina, para disputar el Torneo Abierto de Golf del Jockey Club (del 23 al 26 de septiembre de 2026), perfilándose además como uno de nuestros grandes estandartes para la venidera Copa Los Andes 2026, a jugarse del 25 al 28 de noviembre en las instalaciones del Lima Golf Club, en Perú un honor al que nombres de la jerarquía de Claudia también aspiran legítimamente tras dominar con autoridad los fairways locales.
Cuando los vemos competir, entendemos que su éxito en casa no es el final de la historia, sino la hermosa confirmación de que el talento venezolano en el golf tiene el corazón templado para conquistar cualquier frontera, dejando claro que todo coqueteo con el profesionalismo y toda gloria internacional nacen de instantes como este: de la magia de levantar el trofeo en el Abierto del Lagunita Country Club, sabiendo que el verde de nuestra propia cancha es el testigo más fiel de lo lejos que podemos llegar.
Cortesía Paola Rivero
Periodista Deportiva

Edición: Renata Campagnaro





