Una escultura funcional

Una escultura funcional

Cuando pisamos un fairway, pocas veces nos detenemos a pensar en su trazado y confección. Si en alguna charla nos piden mencionar tres artes decimos pintura, música y literatura. ¿Qué tiene esto en común? Que el golfista pocas veces se da cuenta de que probablemente está pisando una obra de arte.

Por Arq. Agustín Pizá  

La arquitectura de golf es una de las más extensas pero menos reconocidas expresiones artísticas en la actualidad. Es curioso, pero esta poca difundida profesión ayuda mucho al desarrollo del ser humano y el arte. Incluso, un buen diseñador de golf, más que cualquier otro artista, reproduce fielmente la visión básica del paraíso terrenal, creando una escultura funcional.

En la actualidad, aun después del paso de corrientes que han intentado revivir las viejas escuelas derivadas del modernismo de mitad del siglo pasado, solo la arquitectura de golf mantiene los valores y estilo característico desde sus orígenes en el siglo XV. Si nos remontamos a sus inicios, este deporte se jugaba en el campo y tierra tal como se encontraban. Entonces la filosofía del diseño de golf no era tan elaborada en comparación con otras artes y eso es algo que se ha preservado y que en la actualidad es una distinción.  Su mayor virtud es lo natural de las cosas, o sea, hacer que la modificación de un espacio conserve sus atributos originales.

Si antes se utilizaban los elementos naturales para simplemente ubicar las banderas y los hoyos, hoy se trata de entrelazar arte y ciencia al lograr armonía y equilibrio entre el hombre y la naturaleza. Se trata de una ciencia porque hay que tener experiencia y sobre todo conocimientos de arquitectura, ingeniería, agronomía y ecología básicamente. Por otro lado, es un arte porque se deben seguir los principios de ritmo, balance, enfoque, proporción y armonía. La vieja escuela europea señala que la finalidad de un campo de golf es producir emociones en el espectador que se enfrenta a un paisaje determinado y, con un sentido artístico producir el máximo de efectos y sensaciones al golfista y observador.

En México estamos acostumbrados a los campos espectaculares que ofrecen los desarrollos inmobiliarios y a los lujosos complejos resorts en playa y eso está bien. El detalle es que ante la evolución del golf en el mundo, nuestra naciente cultura dentro de este deporte no debería quedar rezagada. La tendencia en Europa es regresar a lo básico, respetando el entorno y que sea la naturaleza misma la que se jacte de firmar el campo de golf. Nosotros como arquitectos, simplemente debemos ser un instrumento.

Como el catador que distingue de una cepa a otra, los golfistas mexicanos tendremos algún día que percibir que no es lo mismo jugar en un sitio creado para explotar al medio ambiente que en uno donde se prioriza la sustentabilidad del propio campo. La próxima vez que pises un campo de golf, disfruta los 360 grados que te ofrece la experiencia, quizá estés dentro de una obra de arte.

 

 
 
Share This