Un nuevo líder

Un nuevo líder

Mucho tiempo soñé y añoré un cambio en los personajes que nos representan. Lo hacía por idealista, apasionado, patriota, por orgullo y por una esperanza que se me inculcó desde muy pequeño. Imaginaba un viraje total en los valores predominantes emanándose a partir de aquellos que por ser personajes casi públicos, sirven como una especie de guía para cientos de jóvenes, niños, familias y generaciones.

Soy un convencido de que los personajes que nos representan son “solo” eso: Algunos personajes, que nos representan en distintos foros, organismos o juntas alrededor del mundo. ¿Pero ellos nos definen? ¿Sus comportamientos son reflejo del nuestro? De lo que se privan, lo que exponen, sus actos, omisiones, ¿son una extensión de nosotros, los mexicanos chambeadores que mezclamos el trabajo diario con sensaciones (de pronto satisfacciones) extremas en el deporte que tanto amamos los fines de semana?

Me parece que no. Son una imagen de lo permisivo que somos.  De pronto, son señales de que en unión y con trabajo, los sueños se cumplen. Hay de todo en estos personajes, pero es ineludible que la autenticidad de cada uno de los mexicanos, aun siendo parte de una imagen como país y como ciudadanos, existe.

Soñaba con que llegara alguien descentralizado, de provincia, a mostrarnos los méxicos diversos, ricos en cultura, en historia e historias. Alguien que hubiera crecido con oportunidades, pero que a su alrededor haya estado de cerca la miseria, esa que corroe las estructuras sociales de nuestro país.

Soñaba con un líder que pudiera sentirse orgulloso de su origen, pero que también conociera el mundo para poder hablar de tú a tú con cualquier ciudadano del orbe.  Hacerles saber que somos leídos, letrados, que podemos entender y construir a partir de cualquier idea.

Me imaginaba una persona perseverante. Semanas de trabajo, años si eran necesarios, 18, 20, los que fueran, defendiendo una idea. Muchas horas diarias dándole forma a un sueño, con mucha disciplina y humildad.

Vislumbraba a alguien como “refrescador” del liderazgo en el país que entendiera que no todo saldría como lo planeaba, pero que había que tener paciencia. Que se diera cuenta que los obstáculos son absolutamente necesarios.

Me ilusionaba poder contar con alguien que se rodeara de gente talentosa, igualmente dedicada. Cada quien aportando desde su trinchera, y éste reconociendo que dos, tres o cuatro cabezas seguramente generan mejores ideas y planes que una sola.

Añoré un personaje en el cual pudiéramos recargarnos si de inspirar se tratara. Alguien que respetara a sus rivales y que, al hablar con el público o con los medios, no se tratara tanto “de él”, sino de lo que sus acciones pudieran generar en las siguientes generaciones. El ejemplo para el país.

Alucinaba con el solo hecho de saber mexicano a alguien que respeta por igual a todos sus rivales. Alguien que no le fuera difícil emocionarse por el éxito de los demás. Una persona a la que le sepa igual un triunfo local o de cualquier otra índole. O a alguien que le duela un revés nacional o a cualquier nivel. Alguien que sienta.

Y después llegó Abraham Ancer. Mi sueño se cumplió.

Con un equipo extraordinario a su alrededor, todos creyendo en una misma idea, y Abraham trabajando de manera incansable desde hace más de 20 años, el domingo pasado salió líder después de 54 hoyos en el Quicken Loans National, buscando su primera victoria en el PGA Tour.

Luchó, aprendió, disfrutó. Al final, su 4to lugar le vale para retener su tarjeta y soñar con Carnoustie: su primer major. Su extraordinario juego bajo el viento me hace pensar que no habrá mejor escenario para su debut en uno de los cuatro “Grandes”.

Respeto al nuevo líder. Llegó para quedarse

 

Fuente: Fernando GarzaGolf Channel Latinoamérica

 
 
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