Augusta pone a prueba al nuevo Jon Rahm

Augusta pone a prueba al nuevo Jon Rahm

El golfista vasco, que jugará con Tiger Woods las dos primeras rondas del Masters, aprende a domar el fuego que lleva dentro

Para empezar, Tiger Woods. El Masters de Augusta siempre trae emociones fuertes. Y a Jon Rahm le ha regalado un bombazo para las dos primeras rondas. “¿Cómo? ¿Con Tiger?”, se sorprendía Rahm este martes al conocer ese emparejamiento con Woods (además de Haotong Li) para las jornadas de jueves y viernes. “Pues a aguantar la marabunta. Me sabe mal por mis padres porque no van a ver nada. Pero el último recuerdo que tengo es bueno”.

Se refería Rahm a aquella victoria ante el mito en el domingo de la Ryder el pasado septiembre en París, cuando el golfista vasco expulsó todos sus demonios con un triunfo ante el ídolo después de torturarse por sus derrotas en las dos primeras rondas.

Ese éxito reparador y esa Ryder dejaron un poso de crecimiento personal que Rahm ha ido completando en los últimos meses. Sigue siendo el jugador pasional de 24 años que guarda un volcán en su interior, pero está aprendiendo a canalizar ese fuego para utilizarlo en su provecho, y no en su contra, en el campo de golf. El trabajo mental con Joseba del Carmen ha ayudado a moldear un nuevo Rahm. “Estoy tratando de controlarme más a mí mismo y eso viene con la madurez”, explicaba este martes Rahm en la sala de prensa del Masters, por donde no desfila cualquiera. “Soy muy pasional en todo lo que hago, para lo bueno y para lo malo, cabezota. No me gusta nada perder, y se me nota más que a otras personas. Algunos de los mejores, como Seve y Tiger, han sabido usar esas emociones para ganar. Yo no soy un robot. No soy una persona sin emociones. Y no puedo ser como no soy”, asume el número ocho mundial.

Ese nuevo autocontrol se traduce en palabras y en gestos. Como en The Players, el quinto grande, cuando después de mandar la bola al agua en el hoyo 11 tras un desacuerdo con su caddie, domó a la bestia. Su discurso pocos días después fue de manual de psicología. “No soy el Jon de antes”, dijo, “en el pasado la forma de comportarme fuera y dentro del campo eran completamente diferentes. Tuve que crecer y dejar el comportamiento infantil. Eso llevó tiempo, y no puedo asegurar que no vuelva a suceder. Es un viaje largo que está al principio. Yo nunca perderé ese carácter. Está en lo más profundo de mi corazón. No quiero perder ese fuego, pero necesito usarlo en mi beneficio”.

Con esa receta se prepara Rahm para su tercer Masters tras el 27º puesto de 2017 y el cuarto lugar del año pasado, la primera vez que luchó por ganar un grande en la ronda final. “Augusta es impresionante. Como golfista es muy difícil explicar lo que se siente. Cada vez que vuelvo es: ¡Qué sitio! ¡Qué pasada!”, decía este martes. “El campo me viene bien como jugador y como persona. Me refiero a mi imaginación, a cómo veo mis golpes, a mi estilo. No soy una persona demasiado científica. Cuando llego a los greens, es lo que siento. Hay putts que lo que ves y lo que hay no es lo mismo. Es lo que sientes. Yo soy un jugador de feeling, me ayuda que salga el lado creativo”.

Una química especial une a los golfistas españoles y al Masters, el grande que han ganado Seve, Olazabal y Sergio García, mientras que solo el cántabro triunfó además en el Open Británico y no hay festejo alguno en el US Open y el PGA. Seve hubiera cumplido este martes 62 años, el lunes se cumplieron 20 del debut de García en Augusta, este miércoles hace 25 que Olazabal se vistió con su primera chaqueta verde y 20 se cumplen el jueves de su segundo triunfo. Señales que conoce Rahm, siempre muy atento a la historia. “Espero ser el siguiente español en esa lista”, dice el de Barrika, consciente de que está unido a ese árbol generacional de ganadores del Masters.

Llueve en Augusta, y Rahm sonríe porque recuerda que jugará “como en Larrabea, mojado”. Llega con el juego corto a punto, con seis top ten y 69,47 golpes de media este curso en el circuito estadounidense, y al campo lo va conociendo cada vez más. En Augusta tiene un promedio de 71 impactos, capaz de lo mejor y de lo peor, de una ronda de 65 a otra de 75, con eagles en tres de los cuatro pares cinco y sin firmar el par todavía del campo: ocho vueltas, cuatro arriba y cuatro abajo. Un jugador de extremos.

“Rahm está listo para vestir de verde”, titula The Augusta Chronicle. No hace falta que se lo digan.

 

Fuente: El País – Foto: Andrew Redington AFP

 
 

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